Y la crónica, no esperéis tecnicismos, sino mi experiencia hoy.
La crónica es sencilla. Día de paciencia durante la mañana, nos hicimos fuertes en la Asomadilla en base a cervecitas, cervecitas con limón y anécdotas. Ganas nos dieron de encadenarnos a la mesa para probar ese cochinillo que vimos meter en el horno.
Qué pintaca. Se hizo largo.
Subimos al despegue Este hasta con desgana, porque era la hora de la sobremesa. Orden en los despegues y los tres que salieron primero empezaban a remontar. Yo salí en la misma dirección a buscar esa térmica pero ya sabéis, o la perspectiva engaña y estaba más lejos o las térmicas desaparecen por arte de magia. Iba al pinchadero de cabeza, no conseguí subir ninguna térmica en el despegue, en los dos pequeños hombros que suben por la derecha y me fui rascando rascando, muy pegado a la ladera hacia la cara sur. Error absoluto porque ahí estaba mi amiga «la fuga». Viento fuerte de Este y cada vez que me enfrentaba caía decenas de metros.
Nada de nada y me encaminé al aterrizaje, a terminar un vuelo de polluelo de 16 minutos con un poco de mosqueo, no lo niego.
Preparándome para entrar al campo con viento E-SE, es decir desde la gasolinera. Pero al pasar sobre las carretera o unos metros antes, la cosa empezó a moverse y el vario a pitar. Yo pensé, ya están aquí las burbujas del aterrizaje. Estaba como a unos 150m, cálculo yo.
Y empezamos a girar, derivando hacia la gasolinera. Pensé, lo mismo en la gasolinera sale algo más. Y paciencia paciencia, girito a girito, empezó el viajito. Me junté con dos sobre la carretera a quienes no reconocí en el aire. Ahora sé que eran José Luis Gutiérrez y Fouad. Apenas se subía, pero avanzábamos hacía Lanzahita sin perder y ganando metro a metro. Pasamos sobre el pueblo a media altura de la Abantera, no más.

Y a partir de ahí la cosa se animó más. Mejores térmicas derivando en la ruta hacia esas balizas esquivas para mí. Ahí me junté con Nacho. Joder cómo corre su Artik nueva. Mientras que él daba 2 giros, yo daba uno. Él era como un compac disc y yo cómo un disco de vinilo, entiéndase el símil. Pensé que Nacho me guiaría hacia las balizas y me desentendí del XC Track. En los siguientes giros me puse más alto porque Nacho ya estaba buscando pinchar la baliza y yo me hice el longuis.

Ni pinché el start y cuando quise mirar el XC Track, las balizas ya estaban detrás mío. A tomar por culo, yo tiro. Y así, en dirección al gol hasta la cola del embalse de Rosarito.

Total, ni techos de 3.000 ni leches, penando al principio, sorprendido después por remontar en el aterrizaje oficial y contento por el vuelo al final.

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